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diumenge, de desembre 07, 2008

Més Pilar

Una altra canonada de la nostra ídol (ídola?):

La Pijoecología

[…] Superados los años felices del rojo antifranquista, aterrizaron forzadamente en el violeta feminista para acabar en el verde pijo, ese que bebe leche de soja en cocinas de diseño, lleva bolsas reciclables para meter la compra de Semon y se pasea con estupendos y nada sostenibles coches oficiales. Y, lógicamente, el lío cromático se ha convertido en un monumental lío mental. Si Manolo Vázquez Montalbán descubrió que comer bien era progre, estos han añadido el toque ecológico para parecerlo más, sin otra profundidad que la que requiere la pura estética.

Moda de niños ricos de izquierdas. […]

Tot l'article, que surt avui a La Vanguardia, el teniu AQUÍ

dimecres, de novembre 26, 2008

PILAR RAHOLA, TAMBÉ BRILLANT

Segueix la brillantor intel·lectual a les pàgines de La Vanguardia d'avui. Aquest cop la bufetada al progressisme ve de la ploma de la Pilar Rahola. Aquest cop sobre la polèmica del crucifix en una escola de Valladolid. La llibertat de pensament està mal vista avui en dia, ja es veu.

El crucifijo
Pilar Rahola

Ante las realidades complejas, lo más difícil es superar el maniqueísmo. Instalados en el cómodo rincón de nuestras familias ideológicas, tendemos a matar el debate en aras de no deconstruir nuestras construcciones dogmáticas. En función del color de las gafas de cada cual, el mundo se ve azul o rojo, y toda la variedad cromática que escape a esa dualidad inflexible, tiende a ser sospechosa. Escribió una vez Rosa Montero que "un pensamiento libre es un territorio hostil y solitario", y ahí estamos, intentando no militar en la libertad de pensamiento, porque da miedo la vida a la intemperie. Miren ustedes el absurdo debate sobre el crucifijo de una escuela de Valladolid. Y digo absurdo porque el crucifijo debía formar parte del paisaje añejo de la escuela, tanto que quizás hasta era invisible.

Así lo consideró el propio consejo escolar de la escuela Macías Picavea, pero ello no fue óbice para que una asociación anticlerical, la Asociación Cultural Escuela Laica de Valladolid, llevara el tema a los tribunales y finalmente haya conseguido una sentencia favorable. Como es sabido, el tribunal ha considerado que la decisión del consejo escolar vulnera el artículo 14 de la Constitución, que consagra la igualdad entre todos los españoles, y el 16, que garantiza la libertad religiosa. Y, en consecuencia, exige la retirada de todos los símbolos religiosos en la escuela.

A partir de aquí, las dos Españas machadianas, que tienen una cansina tendencia a resucitar, se han batido en duelo sobre el relativismo moral de unos y el bajo palio de los otros. Y el "tú más" se ha vuelto a instalar en el debate ciudadano. Sin embargo, ¿es tan simple? ¿Se trata exclusivamente de que unos son muy carcas y los otros muy rojos, y viceversa? ¿Es uno más progre porque pide la retirada de los símbolos, y el otro más ultra si pide su mantenimiento? Más aún, ¿se puede mantener una posición intermedia y no morir en el intento? De hecho, como diría Josep Cuní, ¿podemos atrevernos a formular preguntas fuera de guión? Porque hay temas en los que las posiciones están tan rotundamente balanceadas, que incluso hacerse preguntas es un anatema.

Y sin embargo, preguntas, haberlas, haylas. De entrada, no acabo de entender que un crucifijo sea un terrible signo de intolerancia, y un pañuelo en la cabeza de una niña musulmana sea una demostración de tolerancia. ¿Cómo pueden sostener los adalides de la multiculturalidad que la tolerancia hacia otras religiones no sirve para la religión católica? Me responderán que no es lo mismo usar un símbolo religioso de forma individual, que hacerlo como referente colectivo. Cierto. Pero tampoco es lo mismo una sociedad que lleva dos mil años siendo católica, y que rebosa de simbología cristiana por todos lados, que otras religiones recién llegadas. Y la inquina contra todo lo católico se respira, precisamente, en ambientes que están encantados con celebrar cualquier festividad islámica, porque resulta muy progre-sostenible. Recuerdo el titular de la entrevista que le hice a Duran i Lleida durante la campaña electoral: "La izquierda saca pecho ante la Iglesia pero pierde el culo con el Ramadán". Pero, además, es curioso que pique tanto un crucifijo en una escuela, donde la mayoría de padres han considerado que no era ningún problema, y resulte lógico que los ministros de un gobierno prometan su cargo ante ese mismo crucifijo. Algo no cuadra. Además, si el problema es la simbología religiosa, ¿hasta dónde estamos dispuestos a llegar?

Por ejemplo, ¿cambiaremos los nombres católicos de las calles? ¿Verge de Montserrat pasará a llamarse Avenida de la Moreneta multicultural? Y los nombres católicos de los colegios, ¿tendrán que ser abolidos? Sinceramente, creo que la escuela pública tiene que ser el lugar común de todos, con independencia de su fe religiosa, pero hay un abismo enorme entre garantizar dicha pluralidad, y llegar al detalle obsesivo. Y, sobre todo, no se puede judicializar este tipo de decisiones que tendrían que ser tomadas por la comunidad del propio centro. En todo caso, la asociación que ha llevado el tema a los tribunales no está exenta de motivos políticos.

La cuestión, además, abre otra arista, que ayer mismo planteaba Joan Julibert en Els matins de TV3. Queda claro que no se puede adoctrinar religiosamente en una escuela pública. Sin embargo, ¿se puede adoctrinar políticamente? Y la pregunta es pertinente porque los antecedentes son muchos. ¿Recuerdan el no a la OTAN, que se convirtió en tema de redacción de los niños, en decenas de escuelas de la época? ¿Y el no a la guerra, planteado incluso en las clases de primaria? Y en estos días de huelgas preventivas contra una ley de Educación que aún no está aprobada, ¿no hay adoctrinamiento de los alumnos contra dicha ley? Pues miren ustedes las manifestaciones. Claro que cuando se adoctrina en nombre del progresismo, se le llama educación. En fin. Y todo ello pasa en una escuela que lleva el nombre del gran regenerador educativo Macías Picavea. Sinceramente no creo que se merezca una polémica de tan bajo techo. Porque si el problema de la educación en España es un crucifijo, estamos salvados.

dissabte, d’agost 02, 2008

Rahola, OK

Ja ho déiem a l'anterior post. Però la Rahola ho fa rebé i també porta matrícula autoritzada a circular pel territori progre. Val la pena relegir l'article que va escriure a La Vanguardia el 27 de juliol propassat amb el títol Segregar la homosexualidad:

Como no traje a Nueva York el manual de lo políticamente correcto, no sé si estaré incumpliendo algún precepto de tan sagrado catecismo. ¿Puedo decir que no entiendo esto de los Eurogames? Lo pregunto porque hay determinados sectores que, a fuerza de luchar contra la discriminación, han impuesto una cierta censura del pensamiento. Miren mi artículo, por ejemplo. Yo, que tengo una larga biografía de apoyo a los derechos homosexuales, estoy aquí, perpetrando una parrafada, antes de entrar en materia. ¿Será que intento justificar mi derecho a la crítica? Probablemente. Porque si antes con la Iglesia topábamos, ahora topamos con sensibilidades de piel extra fina, cuya capacidad lobbystica pone a cualquiera contra la pared. Seamos sinceros. Mujeres y gais son hoy materia aparte, y quien se pasa un pelín sufre el ostracismo público, lo cual, en la era de la comunicación, es como sufrir la ira de los dioses. Así pues, me pongo a escribir con paraguas, harto convencida de que se atisba tormenta en el horizonte cuando se critica cualquier iniciativa gay.

Los Eurogames, decía. Perdonen, pero no lo entiendo. ¿No habíamos quedado en que la lucha por los derechos homosexuales era la lucha por la normalidad? ¿No se trataba de quebrar los prejuicios y romper los arquetipos que pesaban sobre el colectivo gay? ¿No era cuestión de demostrar que dormir con cualquiera no implicaba nada más que un hecho personal, y no tenía que derivar en un estigma social? ¿No se trataba de explicar que eran médicos, abogados, torneros, camareros, artistas, escritores, y que su condición sexual sólo era una materia íntima? ¿No se trataba de explicar que la sociedad era múltiple, y que los gais formaban parte de ella en plenitud de deberes y derechos?

Finalmente, y perdonen el trazo grueso, ¿no se trataba de superar al maricón para dar la bienvenida al homosexual? Recuerdo haberlo escrito hace tiempo, en relación con la fiesta anual del orgullo gay. No podía, ni puedo, entender por qué es necesario, en dicha fiesta, hacer desfiles horteras, mostrando cuerpos vestidos como si estuvieran en un lupanar de bajos fondos, generalmente más cercanos a la chabacanería barata que a la reivindicación seria de un noble derecho. Algo parecido me ocurre con estos juegos. ¿Por qué motivo ser gay tiene que implicar tener un circo y unos Juegos Olímpicos gais? ¿En qué quedamos? ¿Se lucha por la normalidad o se lucha por la segregación? Cuando se anunciaron dichos Juegos, con toda pompa por parte de la consellera republicana de turno, que se aprestó rauda a hacer la rueda de prensa, convencida de que ganaba puntos en la olimpiada progre, ya expresé mi perplejidad. La mantengo. Sinceramente, me sorprende la utilización de la orientación sexual como elemento segregado de una sociedad. Y si dicha utilización tiene una finalidad económica, entonces nome sorprendo, me escandalizo. Personalmente, no creo que los Juegos Olímpicos gais aporten nada a la lucha contra la discriminación. Al contrario, creo que la apuntalan. Pero mueven dinero, y si el dinero no tiene color, parece que sí tiene orientación sexual. Como sea, lejos de luchar por que el mundo conozca a los grandes atletas gais, y por que sea normal no esconder la orientación sexual cuando se está en la cima del deporte, lejos de ello, se monta un espectáculo para que la gente convierta su gusto sexual en condición deportiva. Es decir, en la lucha por la normalidad, perpetramos espectáculos públicos tan anormales, que segregan a la parte mayoritaria de la sociedad. Alucinante.

Acabo con un apunte de un tema paralelo, el padre-madre que ha mostrado a su hija en las portadas del mundo. Las revistas norteamericanas están haciendo un festín con el morbo. En este caso, más que escandalizarme, me da una enorme pena la exhibición pública de esta niña, como si fuera un mono de feria. ¿Su exhibición es fruto de una lucha simbólica? No seamos ingenuos. Es otro movimiento de talonario. De ahí que en ambos casos, las Oolimpiadas y este padre-madre, mi posición sea tan crítica. Porque no creo que se avance contra el prejuicio. Creo que se hace negocio con él.